Soplando cristal

Si hay algún lugar en el mundo, donde el arte de la fabricación de piezas de cristal alcanza su máximo esplendor, es Murano. En la actualidad, esta pequeña isla del mar Adriático se la puede considerar parte de Venecia. Pero todo aquel turista que la haya visitado sabe que Murano es algo más que eso. Es el paraíso del cristal.
La historia cristalera de Murano comienza en el año 1291 cuando el Dux de Venecia expulsa a los artesanos vidrieros de Venecia a esta zona de islas cercanas. En su momento se argumentó que la medida tomada respondía al peligro de que esta profesión, que trabaja íntimamente con el fuego, provocara incendios no deseados. Hay que tener en cuenta que la mayoría de las edificaciones de Venecia son de madera, por lo que este tipo de riesgos no eran admisibles. No obstante, muchos historiadores no están de acuerdo con esta versión oficial y argumentan que la expulsión de los artesanos cristaleros se debe a un interés más bien comercial. Venecia era uno de los puertos más importantes del mundo y recibía visitas de mercaderes de todas las partes del mundo conocido. Así que las secretas fórmulas y técnicas para realizar su exquisito cristal estaban en peligro con tantos comerciantes rondando por las calles venecianas, por lo que salvaguardar estos secretos podría ser el motivo velado para expulsar a los artesanos del cristal y, así, preservar su principal fuente de ingresos en el comercio de ultramar.
La vida de un artesano de Murano se parecía más bien a la de un prisionero. No sólo estaban confinados en la isla de Murano, sino que también se les tenía prohibido difundir sus conocimientos. Además, se les tenía prohibido abandonar la ciudad de Venecia, por lo que, si se aventuraban a abrir un negocio o un taller fuera de los límites de esta ciudad, corrían el riesgo de ser asesinados. Pero no todo eran contrariedades, ya que, al ser una élite muy cerrada y que no se extendía más allá del clan familiar, poseían privilegios sólo equiparables a los que ostentaba la nobleza. Por lo tanto, con el paso del tiempo, se conviertieron en celosos guardianes de su saber. Ese saber que les proporcionaba privilegios incomparables a los que tenían otros gremios de artesanos.
Hoy en día, la isla de Murano sigue viviendo, casi exclusivamente, de su industria cristalera. Además, como si todavía viviéramos en la Edad Media, siguen siendo muy introvertidos a la hora de hablar sobre los secretos del cristal. Murano está a 10 minutos de Venecia si tomamos el Vaporetto, el medio de transporte por antonomasia de esta ciudad. Al igual que en Venecia, lo mejor es perderse por sus múltiples callejuelas y puentes mientras se contemplan las decenas de negocios relacionados con el cristal. Las visitas gratuitas a cualquier fábrica de cristal proliferan por toda la isla, por lo que ver a un artesano soplando una burbuja de cristal en crudo es indispensable si se visita Murano.
En definitiva, Murano es la capital del cristal. Una pequeña isla que mezcla a la perfección la necesidad de comercio actual con el misticismo medieval, y en la que, al caer la noche, los artesanos se encerrarán en sus talleres para intentar conseguir la transparencia más perfecta o el azul cobalto más puro, como ya hicieran sus padres años atrás.
Fuente: Mercado Libre
Etiquetas: Historia, Murano, Soplar Cristal, Viajes








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